EL CONFLICTO EN GEORGIA

La historia moderna de la humanidad nos muestra permanentemente que pasan cosas muy parecidas en diversos países. Hace unos pocos años en el mapa de Europa apareció un Estado Nuevo: Kosovo, el cual fue reconocido por Colombia entre unos pocos países de América Latina. La historia siempre se repite. No hay nada nuevo, así como después de la Guerra de los Balcanes se produjo la creación del estado de Kosovo, ahora es muy probable que la intervención militar de Georgia en Cáucaso haya determinado los procesos de independencia y posterior reconocimiento de los estados de Osetia del Sur y Abjazia. Si estudiamos el tema no únicamente por las noticias de la televisión, podemos analizar lo que se encuentra en otras fuentes, como por ejemplo documentos en la red Internet, y entonces descubrimos los siguientes hechos: Georgia violó sus obligaciones internacionales sobre la manera de resolver sus problemas y ha estado preparándose para atacar sus vecinos. Solo en 2.008 incrementó su personal militar de 5.000 hasta 37.000 efectivos, su presupuesto militar pasó de USD $210 hasta USD $1.000 millones, equivalentes al 7% del PIB georgiano o el 20% del presupuesto estatal. La situación es muy clara: Los preparativos pasaron a una fase inaceptable: la agresión. No se puede entender porque el gobierno ataca su propia población. Los resultados de bombardeos georgianos en las primeras horas de acción militar podrían ser empleados como tema para películas de suspenso: 2.000 civiles asesinados, la mayor parte de la ciudad Tshenvali destruida. No se puede imaginar entonces que la población de éste territorio quiera después formar la parte de Georgia, el estado que mata a las mujeres, chicos y viejos . Si analizamos detalladamente los hechos antes descritos, entenderemos porque hay 40 mil desplazados de los 70 mil habitantes que conforman la población de Osetia del Sur, y que además se hayan dirigido y actualmente se encuentren en Rusia y solo 600 personas se hallen todavía en Georgia. Todo esto produce como resultado apenas esperable que Osetia del Sur declare su independencia, obviamente de acuerdo con los resultados del referendo del 29 de Mayo de 1992, así como también después de acciones las militares de parte de Georgia, las cuales dejaron como legado a 3.000 osetios asesinados, 300 desaparecidos, 100 pueblos osetios totalmente arruinados y otros 40 mil desplazados a Rusia. Se comprende pues que el 80% de población restante pidió la ciudadanía rusa y afortunadamente la recibió. Solo la presencia de los cascos azules rusos bajo el mandato de la ONU permitió mantener la paz en esta region por estos 14 años. La única salida de la situación vigente es respetar la voluntad del pueblo, tratando resolver estos problemas con medidas diplomáticas, y aceptar la independencia de los territorios étnicos como Osetia del Sur y Abjazia.

Occidente se equivoca con Rusia

SANTIAGO CARRILLO

El País Septiembre 15 de 2.008

Desde que el mundo existe, cuando un Ejército extranjero cerca una ciudad es para obligarla a capitular y rendirse o para atacarla y destruirla. La historia está llena de episodios de este carácter. El espíritu de conquista y la voluntad de dominación atraviesan la historia universal a lo largo de los siglos y hasta nuestros días.

Un espectador objetivo que mire un mapa y contemple lo que está sucediendo hoy, tiene que reconocer que no ya una ciudad, sino todo un país que por el estrecho de Bering linda con Estados Unidos y ocupa una enorme extensión del continente euroasiático, un país que luchó en la Primera Guerra Mundial al lado de las potencias liberales de la época y en la Segunda Guerra Mundial fue un factor decisivo en la destrucción de la poderosa máquina militar nazi, sin cuya derrota no existiría hoy una Europa libre, está siendo cercado militarmente por Estados Unidos, directamente o utilizando la OTAN.

El pretexto para esta operación colosal, que no hubieran soñado ni César ni Alejandro ni Napoleón, es unas veces la implantación del escudo antimisiles de los norteamericanos, otras el terrorismo de Bin Laden y otras la defensa del derecho de autodeterminación de Kosovo y la oposición a este mismo principio en Osetia y Abjazia. Un pretexto que por mucha verborrea y mucha tinta que se derrame en su defensa no se tiene en pie.

No es ésta una operación nueva. Antes hemos conocido un aspecto distinto de la misma operación; aludo, como habrá adivinado el lector, a la guerra fría librada por EE UU con el apoyo de Europa contra la Unión Soviética. Cierto que entonces había razones ideológicas que a los ojos de un amplio sector de la opinión pública podían justificar tal política: en la URSS, había un sistema económico-social que representaba un peligro para el sistema capitalista. Se le denominaba comunismo, aunque sólo fuera un sistema en que la propiedad estaba en manos del Estado. Pero esto, junto con el régimen de partido único, daba fundamento a dicha guerra fría.

Pero aquel sistema hizo implosión. Y el Estado ruso quedó momentáneamente vacilante como un gigante sonado; había perdido su poder y parecía descomponerse. Cambió el sistema social, surgió una burguesía salvaje que se apoderó de las riquezas creadas con el trabajo del pueblo, aparecieron los nuevos ricos y el pluralismo político, con partidos que defendían los intereses de las diversas clases sociales. Hubo elecciones de estilo occidental y Rusia volvió a integrarse en el mundo capitalista. Territorios importantes, tanto en Europa, como en Asia Central, en Transcaucasia y la Costa del Mar Negro, que llevaban siglos perteneciendo al imperio ruso y después de la Unión Soviética, lograron su independencia transformándose en nuevos Estados. La Rusia surgida de las ruinas de la Unión Soviética aceptó los cambios y, poco a poco, apoyándose en su riqueza en materias primas, y sobre todo en petróleo y gas, fue poniéndose en pie. Y el mundo pudo ver que Rusia, pese a todo, seguía siendo una gran nación, con un peso internacional disminuido, pero todavía grande. Es una realidad: Rusia ha perdido la guerra fría pero no ha desaparecido. Está ahí, forma parte del concierto mundial, con una posición privilegiada entre Asia y Europa.

¿Y qué tratan de hacer los que prometían un nuevo orden mundial de paz y colaboración en este planeta? Levantar una barrera de sospecha frente a la Rusia de hoy que recuerda el cordón de seguridad frente a la Unión Soviética, llevar su poderío militar a los nuevos Estados en Europa y Asia, crear un anillo militar en su torno. Y si faltaba algo, ese clon de Bush que está resultando ser McCain ya incluye a Rusia, junto a Irán, entre las amenazas a EE UU y a Occidente.

Examinemos fríamente la realidad: la Rusia de hoy ya no se diferencia ideológicamente de Occidente. Seguramente su democracia tiene imperfecciones. Pero ¿acaso EE UU, particular-mente bajo la presidencia de Bush, es una democracia perfecta? ¿Y Guantánamo? ¿Y la supresión del hábeas corpus y los miles de presos sin juzgar durante años por no haber de qué inculparlos? ¿Y las prisiones secretas que los norteamericanos mantienen en países extranjeros, donde se tortura a los presos? Un observador objetivo tiene que reconocer que el conflicto entre Rusia y Occidente no tiene actualmente más causas que las que han provocado la mayor parte de las guerras que ha conocido el mundo: el egoísmo imperialista. Rusia posee petróleo y gas y otras materias primas. Y si se le cerca militarmente es para arrebatárselas.

Tenemos que entender que estamos en un mundo que hace unos años era bipolar, pero que marcha hacia la multipolaridad inexorable. China e India, por referirme a los ejemplos más evidentes, están ahí llamando a la puerta.

El interregno entre la bipolaridad y la multipolaridad lo utiliza EE UU para intentar ser el único líder mundial. Pero, además de ser esto imposible, EE UU ha demostrado que no está cualificado para ocupar este puesto, pues lo que ha conseguido montar es el nuevo desorden mundial que hoy reina.

El intento de hacer de Rusia un satélite de Occidente no es más que un dislate que hay que rectificar, pues a lo único que nos llevaría es a una tercera guerra mundial.

Y eso es lo que estamos aún a tiempo de evitar.

Este mundo necesita un cambio de rumbo radical si quiere no seguir marchando hacia un porvenir trágico.

Ya sé que estoy haciendo un planteamiento que puede parecer brutal y tremendista. Pero en los centros de poder internacional hay mucho loco e "imbécil culto", tantos que si volaran oscurecerían el sol. Si nos descuidamos puede hacerse tarde para el cambio, para enderezar el rumbo de la política mundial.

En todo el planeta existe hoy el sentimiento, quizá confuso, de la necesidad de cambio. Pero el cambio urge. Y es triste contemplar a los políticos y a los diplomáticos reunirse constantemente para no llegar a un buen resultado, mientras los conflictos y los problemas se eternizan sin solución.

Por provocar a un oso suelto

Por: Eduardo Barajas Sandoval

edubaras@yahoo.com

Decano, Universidad del Rosario

Elespectador.com

16 DE AGOSTO DE 2008

El mundo es así. El anunciado acuerdo militar entre Estados Unidos y Polonia, que permite el desplazamiento de armas americanas en la propia sede del antiguo Tratado de Varsovia, sólo sirve por el momento para agravar la situación de enfrentamiento entre Rusia y Georgia. Y no se ve la fórmula para que los rusos dejen de insistir, con sus tanques y demás armas que sean necesarias, en el ejercicio de una supremacía regional que nadie puede por ahora, ni de cerca ni de lejos, contrarrestar.

Ossetia del Sur y Abkhazia, dos pequeñas provincias que gozaban de cierta autonomía dentro del régimen soviético, han querido aprovechar la marea del desmonte de la URSS para ser independientes. Georgia las considera parte de su territorio y no acepta las pretensiones independentistas.

En varias ocasiones les ha prometido una buena dosis de autonomía pero la promesa ha encontrado dos obstáculos comprensibles: el gobierno de Tbilisi, esto es Georgia, sólo está dispuesto en la práctica a ceder muy pocos poderes, y los locales jamás estarán satisfechos con lo que se les confiera.

La dinámica de círculo vicioso a la que conducen unas relaciones sometidas a ese juego fue la que llevó a la más reciente escalada en busca de independencia y también a una reacción armada de parte de Georgia, que provocó a su vez la intervención rusa.

Es decir que el intento georgiano de evitar la separación, mediante el envío de tropas particularmente a Ossetia, todo lo que provocó fue una reacción tremenda y contundente de Rusia, que no se conformó con expulsar a las fuerzas disciplinarias sino que se ha dedicado a debilitar la amenaza que, en su criterio, se cierne sobre las provincias a menos que Georgia tenga bien claro que no se debe atrever a actuar de nuevo de esa manera.

La política de Georgia hacia las provincias es uno de los entuertos políticos, diplomáticos y militares más complicados. Lo anterior se debe al hecho de que no es fácil gerenciar unas relaciones asimétricas con la gran potencia de la región, Rusia, máxime cuando al tiempo se pretende un acercamiento ostensible hacia una potencia exótica como lo son para esa parte del mundo los Estados Unidos. Edvard Shevardnaze, Presidente de Georgia luego de haber sido el último canciller de la Unión Soviética, fracasó en el intento. No pudo acercarse tanto a Occidente ni retirarse tanto de Moscú.

La decisión del joven presidente Mikhail Saakashvili en el sentido de enviar sus tropas a Ossetia, a sabiendas de una previsible reacción rusa, con todo lo que ello significa, parecería un acto a la vez de audacia y de ingenuidad. Pero estaba atrapado. Si se quedaba quieto perdía todas sus apuestas y los suyos no lo perdonarían jamás.

Y si actuaba, como actuó, provocaba, como provocó, una reacción que Rusia conoce y practica muy bien, sobre todo en esa región, en defensa de lo que considera sus intereses nacionales. Esto es que no vacila en usar sus tropas, sin pararse en demasiados argumentos verbales, para hacer respetar sus antejardines y sus patios traseros.

No todo el mundo conoce imágenes de la ciudad de Tskhinvali, capital de Ossetia, castigada al parecer por los georgianos y retomada luego por los rusos. Las complejidades de los crímenes contra la población civil que entrañan batallas de tipo urbano se despejarán algún día.

Los Estados Unidos se encuentran frente a un dilema tan grave como el de Saakashvili. Porque difícilmente podrán ir más allá de la condena y las incitaciones al retorno de las cosas a su estado anterior. Y porque Europa se halla dividida frente a los acontecimientos y de pronto no quiere, ni puede, obrar de manera contundente para frenar a una Rusia provocada en un punto clave de su sentimiento nacional.

El intento de convertir la fallida operación militar de Georgia en Ossetia en un triunfo diplomático sobre Moscú, puede tener por ahora un cierto éxito en el terreno de la propaganda. Pero a Washington no le quedará nada fácil salirse con la suya ante la presencia física de los rusos en la región. Como no le quedará jamás fácil a nadie acercarse al territorio de un oso molesto y libre de ataduras capaces de mantenerlo bajo control.